En un día como hoy me apetecía hacer un homenaje a la maternidad. Me parecía interesante compartir mi propia experiencia con todas aquellas futuras mamás que están pensando si dar el paso o no. Le dan muchas vueltas al tema, no saben cuándo será el momento adecuado, si estarán preparadas, qué coste tendrá a nivel personal y laboral, cómo va a cambiar su vida, si va a ser a mejor o a peor ... Y he de decir que todas esas preguntas y dudas son lógicas y normales, muchas hemos pasado de una u otra forma por ellas. Pero como todo en la vida nada es blanco o negro, siempre va a haber pros y contras, y escucharéis miles de historias y consejos, todos ellos basados en experiencias y circunstancias personales (incluida la mía) que no tienen por qué ser las tuyas. Por eso creo que lo mejor es quedarse con el sentimiento más profundo, con el corazón de lo que supone "SER MAMÁ". Así que en un día tan bonito como hoy, donde las emociones y el amor nos abrazan y arropan de una forma tan cálida y tierna, os invito y animo, a las que ya sois mamás a compartir con nosotras vuestra mejor sensación de "SER MAMÁ".
ANTES DE SER MAMÁ:
Recuerdo que cuando era una adolescente veía el tema de la maternidad muy lejano, como es normal. No soportaba los llantos de los niños, los olores de pañales, y qué decir del tema parto. Aprensiva total y con una fobia tremenda a la sangre, solo de pensar en el momento crítico me entraban sudores fríos y me ponía mala, malísima. Ahora después de treinta años de aquello me río un montón solo con pensarlo, ¡cómo una persona puede vivir y pensar en una misma vida de dos formas tan distintas y extremas! ¡Bendita madurez!
Después llegó la época de la Universidad, volcada en los estudios, la dureza de los exámenes, los malos ratos y el esfuerzo por conseguir esa carrera profesional que, como todo el mundo decía, te permitiría vivir una vida más cómoda y exitosa. Esto me hacía pensar que ser madre pondría en riesgo todo ese esfuerzo y vida ideal que la sociedad me habían metido en la cabeza. Perdonadme, pero es que de nuevo no puedo evitar volver a sonreír.
Y llega por fin el mundo real, cuando sales de la carrera y te tienes que poner a trabajar. Buscas tu mejor opción dentro de las oportunidades que surgen y el momento que vives. Tratas de encontrar ese trabajo con el que tanto has soñado, ese en el que haces cosas para mejorar el mundo y ayudar a otras personas con tu aportación. Piensas que si das lo mejor de ti y demuestras que eres una gran profesional, ayudas a tus compañeros, creces en competencias y eres el mejor en lo que haces, luchando contra todas las dificultades del día a día, conseguirás ese reconocimiento que te llevará al éxito prometido.
Pero poco a poco te empiezas a dar cuenta de que las cosas son muy distintas a cómo pensabas o te habían contado. Te encuentras con la competitividad, la mediocridad, las falsas promesas, y por qué no decirlo, el tan mencionado techo de cristal. Y empiezas a pensar que el tiempo pasa y que quizás el verdadero éxito en la vida es el personal, el que depende de ti mismo y no del reconocimiento de los demás.

Así que un día piensas que igual no sería mala idea ser madre, y estás que sí, que no, que sí, que no,... Y de repente un día se te cruza el cable y sin casi esperarlo descubres que vas a ser madre y te sorprendes a ti misma con la ilusión y emoción con que vives ese momento. Empiezas a sentir cosas nuevas, una sonrisa surge en tu cara de forma espontánea y cuando lo comunicas, esa alegría se transmite allí por donde vas. Todo cambia dentro de ti y a tu alrededor, sientes cosas nuevas, algo que crece en tu interior y surge una forma de amor que no conocías y que jamás hubieras imaginado.
el DÍA clave:
El tan temido día llega y te das cuenta de que hay que sacar fuerzas, tener paciencia y estar sereno y concentrado para que todo vaya bien. Es probablemente uno de los momentos más duros y agotadores que se pueden vivir, pero el resultado merece mucho la pena. Esto ya te pone en situación de lo que supone ser madre, quizás lo más duro pero también lo más emocionante e intenso de tu vida. En ese instante en el que ves a tu hijo, se te olvidan las horas previas, y se convierte en uno de los momentos más feliz de tu vida. Es el inicio de una vida llena de amor y sentimientos encontrados.
SER MAMÁ:
Después de esos primeros días de ensueño, llega la dureza y el cansancio de ser mamá. La responsabilidad, la implicación y dedicación, la vida te cambia y hay que ser fuerte física y mentalmente. El arranque es costoso pero luego poco a poco se coge el ritmo y todo va compensando. Ves que van creciendo, evolucionando, y empiezas a sentir ese vínculo madre-hijo tan bonito y reconfortante para nosotras. El contacto piel con piel, los abrazos, caricias, besos, tu protección y cuidados son lo mejor que les puedes dar. La sensación de satisfacción se multiplica con cada uno de ellos y es enorme.

Ser madre es agotador y sacrificado, tienes que aprender sobre la marcha, y no es fácil, pero también te da muchas cosas buenas ya que buscas la mejor versión de tí misma para ellos y evolucionas como persona. Para mí ser madre es una de las oportunidades más maravillosas que nos puede brindar la vida para AMAR profunda e incondicionalmente, APRENDER con humildad y CRECER como ser humano.