Como ya he comentado en posts anteriores, Daniel es un apasionado de los coches y conoce un montón de marcas de automoción. Incluso me atrevería a decir que es algo genético, algo que nació con él. No sé si su primera palabra "mamá" se refería a mi o al coche que conduzco "Ford". Ahí es donde descubrimos con apenas unos meses que le gustaban los coches y las marcas. Con su dedito iba por la calle señalando coches y decía, papá, abuelo, tío, tía, prima, primo,...era genial y un tanto gracioso porque no se equivocaba con ninguna marca.
Su inquietud fue creciendo con él y era especialmente sorprendente la facilidad que tenía para reconocer coches solo por su forma, sin llegar a ver la marca. Su curiosidad por conocer cada vez más y más, le llevó a descubrir marcas de coches distintas de las que se veían de forma habitual por la calle. El año pasado estaba enamorado de los coches americanos (Mustang, Dodge, Chevrolet...) y este año está loco con los coches más veloces (Bugatti, Koenigsegg, Hennessey...).
Aprovechando esa pasión, y puesto que veía que identificaba alguna marca de coche escrita, decidí aprovechar la oportunidad para fomentar aún más el conocimiento de las letras a través de ellas. Le hice unas tarjetas plastificadas con todas las marcas que conocíamos y sus nombres, que iba ampliando a medida que surgía una nueva. Actualmente creo que tenemos 68 tarjetas en total. Después le hice unas letras, también plastificadas, y las metí en un clasificador de cajones para que pudiera buscarlas él mismo cuando fuera a escribir la marca. La verdad es que fue un éxito, ya que para él era un juego muy atractivo.
También utiliza las tarjetas para repetir ejercicios que hace en el cole con las palabras como: contar cuántas letras tiene cada marca, ver cuál es la más larga y la más corta, ver cuáles empiezan por la misma letra... Y suele hacer montones con las marcas qué cumplen los mismos requisitos. La verdad es que de esta forma también trabaja los números contando letras, cartas, siendo consciente de las cantidades de forma física, y todo de una forma lúdica y sin darse cuenta.
Algunas veces imaginamos que las tarjetas son coches, y jugamos con ellos a hacer carreras o montamos un concesionario para comprar y vender coches. Otras veces imagina que está conduciendo el coche y coge la tarjeta como si fuera el volante. Es muy gracioso verle cómo da las curvas, cómo imita el ruido del motor cuando arranca y acelera. Por supuesto distingue perfectamente los sonidos de los motores de los coches y sabe cómo suena un Mustang o un Ferrari. Un auténtico disfrute para él y un derroche de imaginación.
Él siempre quiere saber y conocer todo lo relacionado con la conducción, así que le encantan las señales de tráfico y las normas de circulación, incluso cuando conducimos se fija si alguien no da el intermitente o adelanta por la derecha, ... ¡Mamá a ese la policía le va a poner multa!
Y cómo funciona el coche, dónde tiene el motor, cómo son los frenos, si acelera mucho ... Afortunadamente como es una pasión que comparte con su padre siempre encuentra explicaciones y respuestas a su curiosidad.
Su padre recordaba que cuando era pequeño tenía cartas de coches para jugar, donde podía ver las velocidades, aceleraciones, pesos y potencia de los coches. Intentó buscar algo actualizado pero no encontró nada, así que decidió hacer el unas cartas personalizadas para que pudieran jugar juntos. En total hizo 32 cartas con coches muy variados, para hacer el juego más dinámico. Como también le gusta saber los países en donde se fabrican, en la tarjeta además de añadir la marca y el modelo, incluyó una banderita de cada país de origen (Japón, Italia, Polonia, Líbano, Suecia ...)
El juego de cartas en muy sencillo porque simplemente consiste en comparar una de las cuatro características de la tarjeta (la elige el que ha ganado la vez anterior): velocidad, potencia, aceleración y peso, y se lleva la carta el que pierde. El que se quede sin cartas antes es el ganador del juego.
Con este juego, ya ha empezado a conocer los 4 conceptos anteriores, pero además usa los números ya en 3 y 4 cifras, "el punto son miles", e incluso empieza a conocer los decimales "la coma". Compara las cifras para ver cuáles son mayores y menores siguiendo el orden de los números, y así empieza a saber cuál es el coche que más corre del mundo, el más potente, el que más aceleración tiene y la importancia de que un coche pese mucho o poco. Es genial ver la capacidad de asimilación siendo tan pequeño.
Otros juegos que hacemos con estas cartas son Rankings, colocando las tarjetas en una larga fila, según su velocidad, su potencia o aceleración. También las clasificamos en montones para ver de cuántos países distintos tenemos, o cuántos coches hay del mismo color.
¿No creéis que es una fantástica forma de sacar provecho a una pasión? ¿Habéis tenido una experiencia similar? ¿Teníais alguna pasión desde pequeños? ¿Se la habéis transmitido a vuestros hijos o hijas y la compartís? ¿Nos lo cuentas?