Soy consciente de que el último post que publiqué tocó el corazón de varias de las personas que lo leyeron. Y es que cuando recordamos los momentos más felices de nuestra infancia conectamos con nuestra verdadera esencia, con nuestro ser en estado puro.
Es una pena ver como a medida que nos vamos haciendo adultos nuestra auténtica naturaleza se difumina. Las influencias externas que recibimos, los deberías, los tengo que, las expectativas de la sociedad en general (cada vez en edades más tempranas), hacen que con el tiempo y a medida que nos hacemos mayores nos alejemos de quien somos verdaderamente.
Desconectamos de nosotros mismos, de nuestras habilidades y valores, de lo que realmente nos diferencia del resto del mundo y nos hace únicos. Perdemos el rumbo del propósito para el que hemos sido creados y nos convertimos en otras personas distintas de las que nos gustaría ser.
El otro día vi un vídeo que me emocionó, y que ilustra un poco lo que estoy contando. La historia de Clara y su peque refleja como los niños son capaces de ver con la mayor obviedad lo que tenemos delante de las narices sin darnos cuenta. A veces solo es cuestión de creer en nosotros mismos y atrevernos a dar el paso de SER.
Siempre lo repito, somos el ejemplo que nuestros hijos e hijas van a seguir. Daniel el otro día me decía que tenía curiosidad por saber lo que era trabajar. Si era aburrido o divertido, si tenía que pasar muchas horas sentado o de un lado para otro, si estaría todo el tiempo con el ordenador o haciendo cosas con las manos,...
Al instante me di cuenta de lo importante que es el diario que cada día escribes de tu vida. Lo que yo le transmita a mi hijo de mi trabajo y cómo lo vivo, va a ser determinante en su percepción para el futuro. Si le digo que es aburrido, que paso muchas horas sentada al ordenador y que todo es más y más trabajo, su predisposición no va a ser positiva.
Por eso quiero sacar la mejor versión de mi misma. Quiero transformar cada cosa que hago con mi talento, aprender de una nueva experiencia, proponer ideas diferentes,... ¡Quiero simplemente SER quién realmente soy! ¡Quiero SER lo que salga de mí! ¡Quiero SER lo que me hace sentir bien! En cada momento esté donde esté.
Quizás desde el inició de mi existencia mi propósito de vida ya estaba marcado. Si habéis leído Sobre mí, desde mi más tierna infancia mis emociones las expresaba a través de mi creatividad, en forma de ESPIRALES. Un símbolo realmente ancestral en muchas culturas: para los celtas era la fuerza vital, crecimiento y positivismo, y para otros representaba el sol que nace todas las mañanas, muere tras el atardecer y renace al día siguiente.
Como seres humanos nuestro objetivo es evolucionar como especie, potenciar tanto nuestros puntos fuertes como los débiles. La transformación trae consigo una fantástica sensación de superación y automotivación, un aprendizaje constante que queremos transmitir de generación en generación. Como siempre digo el motor que nos mueve es el AMOR por lo que hacemos.
De ahí que la maternidad-paternidad sea un paso más en nuestro crecimiento personal. Una oportunidad increíble de mostrar nuestro máximo potencial y de ponernos a prueba a nosotros mismos. Respetar nuestra auténtica naturaleza, nuestros valores y talentos es una necesidad vital.
Solo cuando conectas con tu verdadera esencia eres capaz de conectar con la esencia de los que tienes a tu alrededor. Esto surge de una forma espontánea. Somos el ejemplo, yo pintaba en pleno éxtasis creativo mientras mi madre bordaba. Ella disfrutaba, lo transmitía y yo así lo sentía.
Cuidemos la esencia de nuestros pequeños. Prestemos atención a sus talentos, inquietudes y emociones. Ellos nos la muestran cada día de forma abierta y desenvuelta. Tratemos de conservarla como su tesoro más preciado, lo que les hace únicos y especiales.
Y vosotras ¿Quién sois realmente? ¿Qué os hace especiales? ¿Qué os emociona y hace sentir bien? ¿Cómo os ha ido en este viaje al mundo adulto? ¿Te sientes reflejada en Clara? ¿Y tú peque? ¿Conectáis en alguna actividad? ¿Qué le hace singular?

Muy bonito. Me encanta tu punto de vista, tu manera de vivir y ser. Tu intención de ser más y más quién eres verdaderamente me inspira. Gracias por compartir tu esencia con tus seres queridos, con tus peques, con el mundo. Eres un regalo de ser humano.
¡Madre mía Danielle! el regalo me lo acabas de hacer tu con estas palabras tan preciosas. Saber que mis pensamientos y sentimientos llegan e inspiran, aunque sea a una sola persona, me alienta a continuar. Mi única pretensión es contribuir, con mi pequeño granito de arena, a que las personas crezcan y sean auténticas. Sean quienes quieren SER, y vivan como quieran VIVIR. Con convicción y plenitud. Y que eso sirva de ejemplo a las generaciones que vienen por detrás. La felicidad está dentro de nosotros mismos y no a nuestro alrededor, aunque muchas veces nos cueste verlo. Muchísimas gracias por tu aportación Danielle. Un abrazo muy, muy fuerte.