El frescor del verano, el colorido de las flores y el verdor del césped del jardín de casa de mis padres, me inspiró a utilizar una colorida tela que mi hermana había dejado por casa. Se me ocurrió, que mi madre y yo podíamos hacer unos vestidos improvisados a mis sobrinas. Pensé que era una buena idea unir el talento natural de mi madre con la costura, y mi arte espontáneo con el ganchillo. A ambas nos une el gusanillo de entretenernos haciendo cosas divertidas con las manos.
Supongo que esto es algo que se transmite de generación en generación. Ella creció viendo a su madre coser para poder ganarse la vida, y tantas horas de ayuda y colaboración supuso que adquiriese muchos conocimientos que después pudo reproducir más adelante de forma casi intuitiva. Me contaba sus vivencias mientras cortaba los patrones sobre unas hojas de periódicos, y yo sin quererlo me transporte a todos esos momentos en los que de pequeña le veía cosernos los vestidos a mi hermana y a mi ¡Le ponía tanto cariño! Para ella era una enorme satisfacción que sus niñas fueran guapísimas con esos trajes que ella misma había hecho con tanta ilusión y esmero. Esos si eran vestidos exclusivos y hechos a medida. Puedo recordar muchos de ellos en eventos importantes: fiestas, bodas, comuniones, vacaciones de verano,... Todos ellos reflejados en las fotos y los recuerdos retratados por la cámara de fotos de mi padre ¡Qué gran legado!
Somos mucho de lo que nuestros antepasados nos han transmitido, y esta es una oportunidad para hacer un homenaje a todo lo bueno que ellos nos han aportado. Cuando apenas la nariz me llegaba a la mesa, veía a mi bisabuela hacer ganchillo para entretenerse (colchas, mantas, cojines,...). A mi me gustaba ver ese movimiento ágil de muñeca, y me sorprendía como de ese pequeño hierrito salia todo aquello. Jugaba con los ganchillos y los ovillos, pero nadie nunca me enseñaba a hacerlo, curiosamente mi madre tampoco lo aprendió. El caso es que tuvo que llegar a manos de mi madre, una sábana de lino con una puntilla de ganchillo hecha por su abuela, para que yo aprendiese a hacerlo por mi cuenta. Esa sábana de más de 40 años estaba bastante sucia, y al intentar limpiarla se daño la puntilla. El disgusto y la empatía ante una situación así, hizo que me ofreciera para hacer una puntilla exactamente igual.
Todos esos valores que me han transmitido con su ejemplo son tremendamente valiosos. El tesón, la dedicación, la paciencia, la ilusión y motivación solo pueden tener un origen "El amor por lo que haces" y un mejor resultado "La satisfacción de un trabajo bien hecho".
Así lo disfrutamos y así lo recordaremos siempre. Gracias mamá por todos esos preciosos trajes que nos ha hecho y que siempre quedarán en nuestros recuerdos.





