En este post os enseño de nuevo otro rincón de la habitación de Daniel. Como ya os comenté en un posts anterior (aquí), su habitación es una reutilización de un dormitorio que ya teníamos anteriormente. Usé adhesivo de pizarra negra para forrar el cabecero, la balda carretera y la estantería librería (aquí). Fundamentalmente porque de esta forma podía pintar en ellos con mis rotus de tiza líquida para personalizarlos. En esta ocasión y con esa misma filosofía, lo que he hecho es reciclar la cajonera combinando la pizarra negra en los cajones y la pizarra blanca en la estructura. De esta forma he convertido un simple mueble en algo divertido y creativo.
Daniel no es muy de pintar y dibujar, por lo que creo que será Diego quien le va a sacar más partido. Ya apunta maneras, le encanta experimentar con las pinturas, pinceles y rotuladores, y mis suelos, muebles y paredes ya han sido decorados en muchas ocasiones. Pero eso os lo contaré otro día en un nuevo post. Volviendo a nuestra novedad de hoy, la emoción fue máxima cuando Daniel descubrió que podía pintar en un mueble. Le encantaron los rotuladores tan coloridos, y se dedicó a probarlos haciendo borratajos y garabatos, ¡qué mejor decoración para una habitación de un niño que la suya propia! Además es algo que va a ir evolucionando y cambiando con ellos, y que podrá tener mucha vida y apariencias distintas a medida que crezcan sus inquietudes, intereses y capacidades.

Con esta idea, algo tan simple como es un mero mueble, ha resultado ser un elemento de juego fantástico. Las posibilidades que da son infinitas para poder crear, imaginar, expresar, experimentar y sobre todo disfrutar mucho con él. Pero además tiene otras muchas aplicaciones, por ejemplo, con la intención de que él siga creciendo en autonomía, se me ocurrió que podía dibujar las prendas que en cada cajón podría encontrar. Como entonces no leía, esta era una forma fácil y rápida de que el pudiera identificarlas para cogerlas en un momento dado. Y he de decir que sí que ha cumplido el objetivo porque alguna vez me ha sorprendido verle con un pijama o una camiseta que se había servido el mismo.




Otro elemento curioso de esta habitación tan especial es la corchera. No me gustaba el típico marrón del corcho y la madera, y encima el desorden de todo lo que en él poníamos era total. No me decía nada y tenía ganas de pegarle un cambio, darle un significado a todo lo que en el colgábamos. Al fin y al cabo todo ello, en mayor o menor medida, tenía un valor sentimental e incluso una utilidad.
Así que después de darle unas cuantas vueltas y buscar ideas, me decidí a simular el típico cartel de carretera que te podrías encontrar en Texas o Las Vegas. Esos carteles envejecidos por el sol y sucios por el humo de los coches y el asfalto, que agrupan en una columna un montón de luminosos con flechas invitándote a parar y comprar o tomar algo. A Daniel le encantan los coches americanos y tiene gran interés por todo lo que viene de allí. Así que esa fue la mejor inspiración para que me surgiera la idea.
Me puse manos a la obra y con spray negro pinté el marco de madera de la corchera, "el borde del cartel". Después pinté de blanco todo el fondo del corcho y con amarillo y morado simulé el envejecido y quemado del mismo por el sol. También con spray simulé unas salpicaduras negras que pudieran parecer la suciedad del humo y el hollín. En el centro de la corchera coloqué un listón de madera que pinté de morado y lo clavé en el marco. Ya solo me quedaba colocar los carteles que hice con goma eva. Escogí diseños variados y coloridos, y usé la brillantina para simular las luces y luminosos. Tenía que parecerse mucho a los carteles de verdad. Fue muy divertido y entretenido.

La distribución del corcho la hice en base al contenido que en él ya teníamos. Pero me pareció que era interesante poner orden en todos los objetos y papeles para identificarlos y darles un significado real. Así que lo separé en cuatro categorías:

recuerdos
Postales que mandan papá y la tía cuando viajan a otros países, fotos y dibujos de amigos y primos, la guitarra que hizo papá para disfrazarnos en la guarde... Todo lo que sean momentos especiales.

cole
Muy útil para colocar el calendario, el horario, los menús, las tareas pendientes, las fotos de los compis, las normas, y todo lo que no hay que perder de vista en su día a día.

trabajos
Es importante poner en valor esos bonitos trabajos que saca del cole y que te enseña ilusionado cuando sale corriendo a darte el beso. También tienen sus lugar. Qué mejor recompensa que mostrar y valorar un trabajo bien hecho.

premios
Y no podía faltar el hueco que enfatice el esfuerzo y los logros conseguidos. Es importante transmitir ese valor de que dar lo mejor de ti tiene su compensación. Ahí van las medallas y premios conseguidos.

Finalmente con el adhesivo de pizarra negro que me había sobrado, hice un metro de pared que simula una carretera. En él vamos dejando registrada la altura de cada año. Así puede ver y ser consciente de esa progresión que todo el mundo valora tanto. Les encanta ver que crecen y se hacen mayores, les hace sentirse importantes. Me chiflan esos momentos de satisfacción cuando se pega a la pared te pide que pongas la mano y al revisar la medida te sorprendes y le dices: "¡pero cuánto has crecido campeón!" Es genial. A veces Daniel le mide a su hermano para ver cuánto mide con dos años y si es más grande o menos que él,... son muy graciosos.
Al final del metro le puse el tan reconocible cartel de la ruta 66 con un mensajito en inglés, para que se vaya familiarizando con este tipo de expresiones, que pone "ENJOY YOUR LIFE". Al final en eso consiste la vida, en disfrutar del día a día, de cada momento, del ahora. Como os comenté en un post de hace semanas (aquí) crecen demasiado rápido y pasan muchas cosas en poco tiempo, no me puedo ni quiero perder nada en la vida de mis hijos. Así que en mi caso diría "ENJOY THEIR LIFES".

Y así es como finalmente quedó el rincón tan especial que os he descrito en el post. Un espacio real, vivo, lleno de significado y personalidad.
